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  • Publicación de la entrada:20 julio, 2020
  • Categoría de la entrada:Relatos
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Un relato corto sobre la amistad. Un relato sobre cómo la unión entre personas puede ser tan fuerte que ayuda a superar cualquier adversidad.

Éramos imparables.

Juntos sólo encontrábamos horizontes que atravesar, ninguna frontera se interponía  a nuestro paso.

Creamos un movimiento de aquellos que apostaban por los sueños, por las ideas y los ideales, por todos aquellos que a lo largo de la historia habían marcado un antes y un después en el transcurrir de la vida humana.

Posiblemente nunca llegáramos a nada importante, pero la fuerza que nos transmitíamos los unos a los otros  era suficiente para derribar cualquier adversidad. Soñadores y vividores al mismo tiempo, grandes visionarios de nuestros días, inconformistas con un mundo que se empeñaba en teñir de gris la gran variedad de colores que estructuraba la realidad.

Derribamos castillos de intolerancia, murallas de injusticias y venganzas, que solo alimentaban un odio irracional no acorde con la era del conocimiento que se predicaba desde el extrarradio mediático.

Cambiamos.

Desarrollamos armaduras contra el prejuicio, la ignorancia y el desquicio de ver el jardín del edén, tan al alcance de los hombres, convertido en un campo de batalla permanente, sólo por mantener unas convenciones sociales arcaicas basadas en falsas concepciones de la verdad y el honor. Nuestra grandeza residía en el inconformismo. Armados con la pluma y el lienzo sometíamos a todos los ejércitos que frenaban nuestro avance. Fuimos heraldos de nuestro tiempo, grandes caballeros que al firmamento persiguieron sin descanso, por el simple hecho de seguir avanzando.

Éramos, y seguimos siendo uno, y el mundo entero lo sabía.

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