Una poesía sobre la perseverancia, sobre el valor de continuar y no dudar. Un poema sobre el sacrificio de perseguir los sueños.

Valió la pena sangrar,
por entender que el camino no lleva a ningún final,
por estar frente a la muerte sonriendo y no dudar,
para poder levantarme tras el golpe, una vez más.

Valió la pena seguir,
por los rocosos senderos que la vida me ofreció,
por plantar cara al destino y cambiar la dirección
de los vientos cuando estuve sin timón,
persiguiendo siempre un nuevo amanecer,
sin saber que las heridas
ya eran parte de mi piel.

Por ello:
Valdrá la pena morir
y solo en el último instante volveré la vista atrás,
para entonces observar su atardecer,
el del un mundo que ya llega a su final,
construido con cimientos de papel,
pinceladas somnolientas,
sueños que ahora hay que olvidar,
blancas estrofas narradas en un lienzo de cristal.

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