Una poesía que evoca los valores del poeta, el compromiso con la métrica y la rima, pero que a su vez se separa, en su forma, de esta estructura. Un poema sobre la métrica.

Dicen, que el compás de tus pisadas,
el redoble de tambores que acompasa mis latidos,
es un ritmo difícil de comprender.
Pero, ¿y qué?
¿No debería los hombres,
aquellos que tejen las leyes e inventan los nombres,
escuchar la melodía de su ser?
Caprichoso es el destino.

Dicen, que la métrica de tu silueta ha sido olvidada,
distorsionada por nuestra incapacidad de tornar nuestra limitada mirada.
Algunos te tacharon de estática,
otros de rígida, pero no entendían.
Llanamente complicada, coherencia entre latencia,
inspiraste a los poetas que hoy viven en nuestra memoria.

Dirán entonces,
que aquellos aventureros que domaron tu estructura,
la de versos resilientes y de estrofas que aún perduran,
marcaron el renacer de tu recuerdo,
de la gloria de las rimas para cráneos que aún no han muerto,
de complejas estructuras donde el mundo vio nacer
al poeta desgarrando las entrañas de su ser.

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