Un poema que intenta plasmar una equivalencia entre el cuerpo de una mujer y un vals. Una poesía que también habla del recuerdo sobre ella, y sobre el efecto que produce.

Miradas de un cielo
incierto,
sobrepasan mis adentros,
no consigo ver la esencia
que escondes tras tu disfraz;
tormentas de un tiempo adverso,
enmudecen, así lo siento,
entre los labios sellados
que reflejan el cristal.

Labios carmesí
sedientos
de respuestas que no encuentro,
siguiendo la tenue brisa
que dejas al caminar,
amanezco somnoliento,
buscándote en el reencuentro
de las curvas que componen
tu cuerpo bailando un vals.

El vals de los sentimientos,
de momentos,
de recuerdos,
afiladas cicatrices que debo dejar atrás,
tus ojos marcan el tempo
de latidos inconexos,
lienzos en los que dibujo
tu tenue alma fugaz.

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