Un poema corto que intenta narrar el recuerdo de un amor fugaz. Una poesía sobre una persona sin apegos, pero que a la vez siente nostalgia.

Me despierto cada día naufragando en su sonrisa,
bajo sábanas marchitas que ondean como la brisa,
esa que inspira a los pobres poetas desheredados,
decidí surcar los cielos, enredado entre sus brazos.

Es entonces que el recuerdo, que nunca tuvo reparos,
viejo amigo que se escurre como el agua entre las manos,
me sacude con su rostro, moteada piel rojiza,
pues soy débil y sucumbo al olor de su camisa.

Manto de cielo espigado, gris templanza, verso alado,
sus ojos en consonancia con mi aliento, está estancado
en los besos que nos dimos mirando desafiantes
a un futuro que aún es nuestro,
Dios trilero,
alma errante.

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