Hoy os traigo un poema donde el protagonista está viviendo una disputa interna. Por un lado cree no necesitar a la persona de la que acaba de despedirse. Por otro, no deja de repetirse que volverá a verla mañana, mientras reflexiona sobre los hechos del día anterior, y se pregunta el por qué de todo.
Sentiemiento acompasado narra el cuento de un destino,
donde el tiempo ya no pasa. No ha encontrado otro camino.
Son las nueve. No es de día. No amanezco esta mañana.
La historia no me interesa. No hagamos de esto un drama.
Me despido. Salgo recto. Miro al cielo confundido.
Ahora son las diez y media. ¿Tendría la culpa el vino?
No me encuentro. Poco importa. Volveré a verla mañana.
Sudor de ceniza y sangre. Mi mente sigue en su almohada.
Cabizbajo sigo un sueño, aunque no sé si es el mío.
Tiempo para reflexiones. ¿Un corazón malherido?
Idioteces, soy de piedra. Volveré a verla mañana.
Son delirios de un poeta que no ha oido la llamada
de un Dios mudo, traicionero, cuya esencia está en sus ojos.
Enloquezco. Pierdo el rumbo. Me captura poco a poco.
Son las doce. Doy la vuelta. Volveré a verla mañana.
Letras detrás de una puerta. Versos que no dicen nada.
Como siempre, espero que os haya gustado. Podréis encontrar más poemas de este tipo en la sección de Poemas de amor.

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