Hoy os traigo un poema bastante especial. Un poema cuotidiano diría, que habla del día a día de dos personas. De su rutina en un entorno familiar, doméstico y diario. La estructura del poema se mezcla con recuerdos, y también preguntas. No solo sobre la naturaleza divina, sino también sobre el lenguaje del amor.
Sensación de inmensidad, momentos desatendidos.
Melodías, luz de alcoba: «Dios no vive en el altillo»
Cristales llenos de polvo, mensajes bajo la almohada.
Luz de enero en los armarios, sabanas de madrugada.
Y ante el frío de los muebles que abrigan nuestro cobijo,
¿cuantas rimas y mentiras caben en un acertijo?
Dios no está bajo la mesa, tampoco tu piel lacada.
Solo eran las seis y media.
Miré atrás.
Tú me esperabas.
Como siempre, espero que os haya gustado. Encontraréis más poemas de este tipo en la sección de Poemas de vida, donde también escribo poesía social o poemas reivindicativos.

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